Porchia y la poesía mínima. Reflexiones

El mundo de la poesía es muchas veces visto con los ojos del pasado más acérrimo, es decir bajo los ojos de Góngora, Paz o incluso los profesores de las academias. Si bien la poesía tiene reglas instauradas desde hace más de dos siglos, es preciso recordar que la motivación de la poesía, en gran medida, radica en un mundo más allá del terreno y del propio sentimiento que muchas veces es lo que la mayoría cree.

Así como en la narrativa constantemente se van rompiendo formas, en la poesía se van transformando métodos y conceptos. Una de esas transformaciones es la que percibimos en los poemas de autores como Jaime Sabinas u Antonio Porchia, del cual versaran están líneas por su economía en el uso del lenguaje con lo cual demuestra una increíble habilidad para encontrar en la más mínima palabra u oración un poema.

Porchia fue un poeta singular y en mis propias palabras brillante, pues acerca a sus lectores a grandes contenidos en pocas palabras, con ellos inscribiéndose a la corriente del Aforismo, pues sus poemas son “quizá […] una de las formas […] auténticas y profundas del diálogo con uno mismo; un diálogo crítico, despiadado, irónico, autoparódico.”[1] Por ejemplo en el poema; Quien me tiene de un hilo no es fuerte; lo fuerte es el hilo, vemos esa síntesis de pensamiento al que Porchia quería llegar más por una reflexión personal que por llegar a un sentido estético.

Si descomprimimos el poema en partes, nos percataremos que está compuesto por una negación y una afirmación, a su vez vemos que el protagonista por así decirlo del poema es el sustantivo hilo, ya que su intromisión en la primera parte es sólo para darle intensidad a la segunda. Otro detalle notable es que quien me tiene de un hilo es una configuración del dicho popular me traen de un hilo o me traen de un ala.

Quien me tiene de un hilo no es fuerte; lo fuerte es el hilo.

Lo que hace Porchia es tomar este dicho para así darle otro sentido, un sentido de poder pues por lo general se entiende por el dicho popular que la persona de la cual estamos enamorados, o que nos atrae mucho tiene la facilidad de tenernos en sus manos, sin embargo en el sentido de Antonio Porchia lo fuerte no es la persona en sí, si no la atracción que ésta ejerce; he aquí el sentido simbólico del hilo, el hilo es la atracción.

En conclusión la poesía que muchas veces no es considerada poesía, tiene mucho contenido. En este caso se nos pide dejar de idealizar a la persona para concentrarse en el móvil que nos atrae hacia ella.

[1]http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=286&Itemid=1&limit=1&limitstart=1

Antonio Porchia

Un destello de colorimetría

La literatura en su amplia gama de obras, siempre encuentra en determinados periodos un interesante destello de innovación. En el caso que compete a esta página me dedicaré a ver en un poema, perteneciente al periodo del Siglo de Oro español, la sinestesia de los colores. El poema se titula, por lo general, Amor constante más allá de la muerte del poeta Quevedo uno de los más ilustres personajes del Barroco.

El poema está estructurado por dos cuartetos y dos tercetos, es decir nos encontramos con un soneto que acude a un estructura precisa.

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare al blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

 

mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama el agua fría,

y perder el respecto a ley severa.

 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido,

 

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

La colorimetría se ha relegado al ámbito psicológico, sin embargo aquí se ve en función de un S, P, y M, que adquiere un efecto estético mayor.

S: Amor más allá de la muerte es un destello de colorimetría.

P: La poesía del Siglo de oro es innovadora.

M: Amor más allá de la muerte es un destello innovador.

Los primeros dos versos muestran que la muerte (postrera sombra), tienen el poder de llevarte a un blanco día (cielo), donde no se lamenta el deceso como tal, más bien se predice que a pesar de la sombra, que es algo oscuro y siniestro, seguirá ardiendo el afán de la vida en una perspectiva amorosa, representada por el color rojo. En el último terceto se revela una mezcla entre lo sombrío de la muerte con lo blanco del vivir, ya que tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado. Así pues, se ve que el soneto guía al lector por medio de los contrastes, entre negro-blanco, blanco-rojo-negro.

La innovación se ve en tanto la estructura de contrastes, cosa que para el Siglo de oro sólo se reservaba para el arte pictórico.

Abolición de la mala fe

El hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado

a cada instante a inventar al hombre.

*

En el hombre la existencia precede a la esencia

Jean Paul Sartre

Anne-Marie se sentía sola. Le habían matado a su marido y no quería regresar a casa de su padre, mas no tenía ninguna otra opción, su hijo apenas tenía dos años. No podía mantenerle sola, así que abordó el primer tren con destino a la ciudad.  Después de un largo viaje llegó a la estación. Nadie le esperaba. Minutos más tarde caminó por las calles intentando reconocer en cada esquina su niñez, sin embargo, lejos de olvidar su tristeza ésta se acentuaba más. Su pequeño hijo empezó a resentir el viaje, por consecuencia se quedó dormido. Anne al dar vuelta en la calle Noir reconoció al fin su antiguo hogar. Tocó el timbre. La puerta se abrió y su padre, al que desde hace mucho tiempo no visitaba y mucho menos le escribía, le recibió con una media sonrisa.

Charles Schweitzer era un hombre ocupado. Dedicado casi por completo a su trabajo en el Instituto de Lenguas Vivas del cual era director, pero con el regreso de su hija tuvo que rehacer su itinerario para dedicarle tiempo a su nieto o por lo menos equilibrar las atenciones. El niño se llamaba Paul y creció con rapidez en medio de la biblioteca personal del abuelo, clases privadas, la ausencia de la madre, su nuevo padrastro, la enfermedad. El padecimiento que acabaría  con uno de sus ojos, y más tarde ocasionaría la pérdida de su cabello rizado, reflejo de su niñez. Estos acontecimientos le marcarían ya que vio algo muy distinto en el espejo y lo que es peor se dio cuenta de que los demás ya no reaccionaban a él como antes, había perdido su encanto.

Sintiéndose marginado por la sociedad el joven Paul se dedicó casi exclusivamente a los libros, materia en la cual desde su infancia ya estaba versado, por lo tanto fue buscando retos cada vez más arduos para su pensamiento que terminaron volcándole a la filosofía donde cuestiones tales como; qué impacto tienen nuestras relaciones con los demás, cómo a su vez pueden o no significar algo, y en qué sentido después de mantenernos en sociedad terminamos por darnos cuenta que no existe nada de qué asirse, ni pasado o futuro, destino o muerte, toman sentido.

La filosofía junto a las letras de ahora en adelante serían para Paul una guía de vida, por ello entró a la escuela Normal de Paris en donde con ayuda de unos compañeros desarrollaría plenamente sus teorías sobre los hombres, reconocería autores olvidados e intentaría hacerse responsable. Sus primeros días en el campus eran aburridos, no encontraba mucho interés en las figuras educativas, no obstante hallaba enriquecedor conocer diferentes tipos de personas. Un buen día en un café conoció a sus camaradas Maheu et Nizan personajes que lejos de lo extraordinario admirarían en su colega Jean Paul Sartre las posturas filosóficas, el desapego hacia toda norma social o los valores establecidos que pregonaba eran innecesarios.

Los tres mosqueteros Maheu, Nizan et Sartre nunca se separaban, cada tarde discutían sus reflexiones, hablaban sobre los libros que publicarían, sus amores. En este aspecto los tres se veían apáticos, sin embargo no había muchacha en toda la universidad que no fuera pretendida por alguno de ellos. Cada uno infatigable en la experiencia de aprender de otros, o mejor dicho analizar patologías de comportamiento, buscó las relaciones adecuadas. Entre esas amistades destaca una mujer que entablaría una estrecha relación con Sartre unos meses antes de terminar la universidad; Simone de Beauvoir quien introduciría a Paul en el campo literario dándole con ello la idea de llevar sus inquietudes filosóficas a la literatura.

Y así fue como Sartre, años más tarde ya graduado de la carrera, abrió la caja de Pandora, dejando fluir la escritura de sus antes encerrados pensamientos e inició a trabajar en una novela de la cual sólo esperaba plantar en los lectores un pensamiento crítico mediante el desequilibrio de su perspectiva existencial. He aquí donde entro yo, pues terminado su libro el filósofo treintañero, ya que los años no pasan inadvertidos, me pidió hacer una reflexión sobre esta novela, comprometiéndome con ello a realizar notas sobre sus obras siguientes. Debo confesar, inicié esta labor no con mucho placer, pues no me había relacionado de manera estrecha con las posturas que él planteaba, sin embargo, ya que mi trabajo estaba enfocado en los procesos históricos, no dudé en tomar partido de esta experiencia. La única condición que puse a Paul fue que, en complicidad, le mandaría un borrador de cada trabajo que él me encargase. Teniendo como resultado lo siguiente.

 

  1.    La náusea o inicio de la crisis.

26 de octubre de 1937

A mi querido amigo Paul. Esperando sea de su agrado.

La literatura es un viejo baúl de cosas polvorientas que a simple vista son algo común, mas si examinamos el fondo encontraremos cosas sorprendentes. La visión, pues, es un factor primordial dentro del mundo literario. Para mi colega   Sartre la literatura tiene muchas caras, y la novela como máxima expresión contemporánea siempre será símbolo de algo más allá de la comprensión normal. Por esto, si quiero hablar de literatura en la obra de Paul, forzosamente tengo que referirme a su perspectiva filosófica.

En su primera novela La náusea libro programado a salir el próximo año, puedo inferir un lenguaje oculto, donde colinda la desesperación con la locura. Lo que a grandes rasgos me ha parecido sorprendente, por una parte es el manejo del lenguaje y por otra la simplicidad de la historia. Escrita en forma de diario, narrada desde la óptica del protagonista Antoine Roquetin hombre solitario que poco a poco va perdiendo el interés en todo, las visitas a la biblioteca, el sexo ocasional, su trabajo de investigación sobre un aristócrata de finales del siglo XVIII, las cosas, describirá su desapego como una especie de nausea.

Su camisa de algodón azul se destaca gozosamente sobre una pared chocolate. También eso da la Náusea. O más bien es la Náusea. La Náusea no está en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, en todas partes a mi alrededor. Es una sola cosa con el café, soy yo quien está en ella.[1]

El distanciamiento es un síntoma de crisis, Antoine lo sabe y lucha contra él, pero es evidente que no puede ignorar la decadencia adquirida que parte de un acontecimiento clave, el desprendimiento, un estado de inanición, restricción de todo lo vital, eso es lo que atraviesa Antoine en las páginas del manuscrito que desde inicio a fin muestran cómo la incertidumbre, palabra curiosa utilizada hoy en día para referirse a cualquier situación de la que no sabemos el resultado, se va traduciendo en un estado de quiebre, pero a la vez de sumisión ante la propia existencia.

Los objetos van perdiendo su sentido habitual de manera paulatina, el hombre no se queda inerte ante la situación, busca respuestas, mas no las encuentra en los lugares u otras personas. Se va desilusionando hasta caer en lo que Sartre llama la angustia[2], ahí, en ese momento es cuando percibe su libertad absoluta, y como no siempre se quiere percibir tal situación, propicia el nacimiento de la mala fe[3]. “El existencialismo suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa […] no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad.”[4] , pero sí enmascararla detrás de los papeles que la sociedad le ha impuesto. Antoine al interactuar con el autodidacto, la mesera del café, sus vecinos, se da cuento de la falta de conciencia del hombre para aceptar su responsabilidad. Se fastidia con la voracidad de lo cotidiano que va alejando al hombre de su libertad.

La novela se sustenta por tanto en un hecho básico, las cosas decaen siempre para transformarse en crisis, es decir, las cosas cotidianas no deben ser un pretexto para nuestra existencia, ni nuestra existencia un pretexto para las cosas o terminaremos cosificándonos.

 

*

La semana siguiente recibí una carta de Sartre donde deseaba que modificara ciertas partes y agregara otras. Acepté. El tiempo pasó muy rápido en París, los días dieron pie a las semanas, las semanas a los años. Término el año 1937. Tomó el siguiente su lugar. La novela de Paul fue recibida a inicios de ese año con gran expectación por sus seguidores, desde mi enfoque parecía un héroe nacional. No la compré. 1938 fue un año calmado, la ciudad esperaba que el año siguiente fuera igual o mejor, para mí representó una carga de trabajo excesiva pues a mediados del ‘39, mi amigo Paul me hizo entrega de otro manuscrito ahora constituido por un volumen de cuentos que quería comentara para su publicación ese mismo año, pero en septiembre de 1939 se había declarado la segunda guerra mundial, dejando mi trabajo en pausa. Entre los inconvenientes por la ocupación nazi en Francia, me las arreglé para finalizar la edición, corrección y publicación. Pues como era de conocimiento de amigos, los nazis vendrían por Sartre.

 

2.  El muro o la crisis.

1939

Sin remitente.

La vida de los escritores en muchos casos parece sencilla, en ocasiones se olvida que ellos también son hombres. Eso ha pasado con Paul a lo largo del tiempo, le han deshumanizado, empero, existen muchos hombres que matarían por tener la fama que él posee, mas desalentados alegan para consolarse que es el destino quien maneja el papel que desempeñamos en la vida. Cuando Sartre escuchaba esto por lo general se incomodaba. El libro El muro, desde mi perspectiva, nace de este hecho; el destino como bálsamo para cualquier mal es una excusa.

Como quizá ya estén aburridos de escuchar a un viejo historiador, de este libro sólo tomaré en consideración el primer cuento, ya que es el que da nombre a la obra y expresa la crisis que, en el comentario anterior, había nacido. Si La náusea es el inicio de la crisis en base a la toma de conciencia, El muro es la crisis en la desmitificación de una de las dos grandes máquinas que mueven la mala fe; el destino.

En este cuento, narrado por un criminal de guerra que sabe que va a morir, se presenta la crisis en su máximo esplendor, pues la situación del personaje principal es frustrante. La presión de saberse inmovilizado le hace comprender que el destino no existe y todas las aparentes posibilidades están fuera de alcance. Termina asumiendo su responsabilidad en medida de su toma de conciencia ante la situación, lo que pone a todo lector una cuestión básica ¿Es el hombre en situación plenamente libre?, lo sugerido por la lectura del muro es que sí, todo individuo que se ve en situación puede ser libre en ese instante.

Los otros personajes que aparecen junto al protagonista son todo lo contrario a esta toma de conciencia, pues son cobardes, no digo que el protagonista no lo sea, la diferencia estriba en que los otros, por sus acciones, siguen siendo cobardes.

Lloraba. Vi perfectamente que tenía lastima de sí mismo; no pensaba en la muerte. Un segundo, un solo segundo, tuve también deseos de llorar, de llorar de piedad sobre mí mismo. Pero lo que ocurrió fue lo contrario: arrojé una mirada sobre el pequeño, vi su delgada espalda sollozante y me sentí inhumano: no pude tener piedad ni de los otros ni de mí mismo. Me dije “Quiero morir valientemente”.[5]

El juego entre lo que se decide hacer con las posibilidades que se tienen, y lo que ocurre si no se toman, son el tópico principal en esta trama. Cada personaje se ve envuelto en la misma situación, empero no todos reaccionan ante ella con el mismo carácter o estrategia, porque en su vida anterior a este momento su voluntad[6] se veía carente de herramientas “Quiere decir […] depende de nuestra voluntad para hacer posible nuestra acción”[7] una labor asociada a la condición particular del individuo.

La intención de la obra, hablando de manera general, es comprobar mediante unos personajes verosímiles que la mala fe no solo se sustenta en roles sociales preestablecidos, sino también en roles abstractos colectivos como el destino donde la libertad carece de significado, sin antes haber tenido un desapego al determinismo.

 

*

Ha pasado mucho tiempo desde que Jean Paul fue hecho prisionero por los nazis. El otoño ha pasado dejando un hueco enorme en la conciencia de Francia, los gobernantes tienen miedo al igual que la gente común. Sinceramente creía que los tiempos de opresión nunca terminarían, pero por suerte me equivoqué; París fue desalojada y los presos de guerra puestos en libertad. Sartre, a partir de los cuarenta, envejecía con mayor rapidez. Parecía que el tiempo en prisión le hubiera enfermado. Dejó de buscarme un tiempo, ya no éramos tan cercanos, hasta que una mañana recibí una nota con tilde de urgente. Era una breve carta de mi viejo amigo donde me hablaba de su repentino interés por el teatro como refugio sagrado para la colectividad de posguerra. Me pedía de manera casi eufórica me pusiera al corriente con su nuevo proyecto de incursionar como dramaturgo. Pasaron algunos meses y ya tenía la nueva obra programada a salir en mayo de 1944.

 

        3. A puerta cerrada o el fin de la mala fe.

Abril de 1944

A un viejo amigo.

Una pregunta muy usual en la vida de todos los seres humanos es qué hay más allá de la muerte. Esta idea inquita al hombre desde sus primeros signos de raciocinio. Han existido infinidad de autores que hablan del asunto, mas son pocos los desesperados que encarnan la angustia de tal hecho en sus historias. En el caso de Sartre, la forma de ver a la muerte o lo que hay más allá de ella está estrechamente ligado al sentido cristiano, puesto que este autor toma como punto de partida la concepción del destino final como una mitificación cultural donde los humanos encuentran una forma de consuelo al concebir en esa gran abstracción, que es la muerte, un lugar de salvación. En esta pieza teatral, que desde mi perspectiva es la mejor que he leído en mucho tiempo, los lugares de reposo se presentan lejos del planteamiento hecho en la biblia.

La historia comienza con Garcin y un camarero en lo que aparenta ser la habitación de un hotel lujoso. La descripción del sitio es bastante corta, pero resalta a la vista el detalle de la carencia de algún objeto en apariencia peligroso.  Lo curioso es que a ese lugar van llegando otras dos personas, Estelle e Inés. En seguida de la aparición de esas dos mujeres, las escenas subsecuentes se dedicarán por entero a presentarnos las relaciones que en poco tiempo los personajes adquieren al compartir un estado en común; la muerte.

Inés: ¿Sufrió usted mucho?

Estelle: No. Estaba más bien atontada.

Inés: ¿Qué fue?

Estelle: Una neumonía […] ¿Y usted?

Inés: El gas.

Estelle: ¿Y usted, señor?

Garcin: Doce balas en el pellejo. […] Discúlpeme no soy un muerto recomendable.[8]

A estas alturas se estarán preguntando qué sentido tiene morir, compartir una habitación con otras personas, dónde está el infierno. Pues la única repuesta es la imposibilidad traducida en hostilidad. Una hostilidad que lleva a los personajes a cruzar los límites de la intimidad hasta el grado de torturarse a sí mismos y a los otros al dejar su alma desnuda. La proeza, en tal caso, de cada protagonista es descifrar por qué están ahí sin poder ir a otro lado, valorar la magnitud de sus actos cometidos en vida, encarar el hecho de que están muertos, pero al mismo tiempo sentirse tan vivos.

En esta obra, la decadencia adquiere su punto culminante, ya que si en La náusea se da la iniciación mediante el desapego de lo cotidiano, en El muro se deshace el sentido del destino como bálsamo milagroso, A puerta cerrada viene representando el fin de la crisis ante la existencia porque después de morir sigue otra existencia quizá inconcebible.

 *

Al concluir mi trabajo lo envié a Paul para averiguar si le parecía apropiado para su libro. Un acontecimiento curioso fue que me invitó a salir para hablar sobre temas varios, él no era un individuo que buscara personas y más les invitara un trago, empero le acepté la copa con cierta sospecha sobre sus intenciones. Al día siguiente se presentó en el café donde nos conocimos. Lo primero que hizo cuando me vio fue sentarme en una silla, después me contó en pocas palabras el sentido de sus obras. Viejo amigo, dijo, estoy en el ocaso de mi vida y nunca me he retractado de las posturas que he propuesto, sigo siendo un mahometista libertario en todo sentido, he incluso al verme vulnerable a los ataques de mis detractores mi pensamiento nunca ha dejado de cuestionarse “¿Quién soy?”

 

[1] Jean Paul Sartre, La náusea, Época, México, 2008, p. 27.

[2] En sentido Sartriano el hombre al entrar en angustia tomo conciencia.

[3] La mala fe es el término que utiliza Sartre para designar el hecho de que los hombres niegan su libertad, mediante la identificación de roles se “cosifican”.

[4] Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Quinto sol, México, 2012, p. 36.

[5] Jean Paul Sartre, El muro, Época, México, 2008, p. 39.

[6] Entendida en el término clásico como raciocinio.

[7] Jean Paul Sartre, op. cit., p. 46.

[8] Jean Paul Sartre, La puta respetuosa/A puerta cerrada, Losada, Esaña, 1984, p. 84.

De modernismo, literatura fractal; poesía caleidoscópica en Lascas de Salvador Díaz Mirón

Todo escritor puede atestiguar en el estado más afortunado y feliz,

que las palabras no provienen de uno, sino que pasan a través de uno.

Ruby Sparks

 

La luz se posó en su ojo en cuanto salió de entre las nubes el primer rayo dorado. Como el niño no tenía un techo firme y su único refugio era una manta sucia por el polvo que levantaban los caballos, enseguida sintió en sus parpados el calor que ese rayo le brindaba. Al abrir sus ojos se alegró de encontrarse con vida después de la terrible noche que había tenido. Tomó del suelo las migajas de pan que guardaba con celo en un papel café.

Miró hacia el sol pero no por mucho tiempo, ya que el brillo era tan despampanante que le cegó un momento, dejándole los ojos nublados entre la suciedad de la calle y sus lágrimas, dos gotitas que salieron desapercibidas resbalándose por las mejillas. Después echó un vistazo con admiración al gran reloj de la ciudad, eran ya casi las nueve y cuarto. Se espantó por lo tarde que se le había hecho, pensó por un momento que ya no alcanzaría a llegar al comedero municipal, así que se puso en marcha.

Mientras caminaba por las calles, para hacer menos tedioso su andar, se entretenía jugando con su sombra, miraba las de los demás entrecruzarse en una sola y cómo a la vez la suya se perdía entre las casas, las personas, los coches. Así miró todo, hasta que doblando una esquina se encontró con un cilindro metálico de pequeñas proporciones. David, por que han de saber su nombre, lo tomó del suelo, y lo puso en su ojo como el capitán de un barco mercante que ve por su catalejo.

Decidió quedárselo hasta saber qué hacer con él. Ya casi llegando al comedero se cruzó en su camino un perro que llevaba una pata lastimada por un vidrio. Lo ayudó, retiró con cuidado el cristal de la herida y le dio el poco pan que tenía guardado, arrojó el vidrio a la basura, pero enseguida al mirar al interior del basurero sus ojos nuevamente quedaron cegados por el sol. Cómo era eso posible, pensó al recuperar los sentidos. Entonces observó con cuidado, había pedazos de cristal regados por todo el basurero que en armonía reflejaban la luz solar. Sorprendido por aquel espectáculo como un pirata que acaba de encontrar un tesoro, eligió los pedazos más grandes de entre todos los que ahí se encontraban.

David siguió su trayecto, pero llegó tarde y ya habían cerrado el establecimiento, ahora tendría que esperar, sin embrago eso no le provoco tristeza puesto que había encontrado dos objetos peculiares en su camino que le parecían fascinantes, entonces hizo lo que una vieja cocinera una vez le aconsejó, juntar dos cosas increíbles en una sola. Así que empezó a posar los cristales al frente del tubo, y miró por la hendidura posterior sorprendiéndose de las formas, la luz, la multiplicidad de direcciones en que ésta se movía. Años después recordaría este día como el que le abrió las puertas a un mundo desconocido; la aristocracia, ese polo lleno de lujos, ilusiones, divertimentos, pero sobre todo juegos que para él fueron la investigación científica y la escritura.

Han pasado muchos años desde que David encontró en uno de los motores de la imaginación y las palabras la inspiración para crear algo perfecto, cabe destacar que sin duda alguna su invento ha logrado cambiar la línea entre lo visible e invisible.  Tanto en la vida de los seres humanos como en todas sus actividades, desde la ciencia hasta la literatura. Ese invento, que ahora puede parecer insignificante, me atrevo a decir, es capaz de cambiar la vida de todos los hombres. En mi caso gracias a él he logrado crear en mí un mundo de imágenes, signos, sinestesias llamado poesía.

Cabe destacar que no soy la única que ha visto en el invento de David una ruptura con todo lo que represente continuidad. Antes de mí hubo infinidad de escritores que buscaron inspiración y consejo en ese pequeño cilindro que en toda la extensión de la palabra representa un mundo, construido con la ingenuidad, asombro y meticulosidad de cualquier poema de Lewis Carroll o Theophile Gautier, ya que no olvidemos que los poetas siempre consciente o inconscientemente mueven su poesía entre las formas perfectas y las imágenes multidireccionales, sea uno u otro el caso, David y su bien llamado caleidoscopio han motivado una revolución intelectual.

Podría dar infinidad de ejemplos de poetas que siguen la línea de la llamada poesía caleidoscópica, sin embargo por ahora sólo reflexionaré sobre la obra del mexicano Salvador Díaz Mirón, autor del libro Lascas, del cual tratarán estas páginas. ¿Por qué? Por el simple hecho de ser un autor tan multifacético que su poesía muchas veces logra ser inclasificable. Es decir en su poesía se puede, específicamente la de su segunda etapa, ver “maestría, vibrante musicalidad, geométrica arquitectura, lacónica precisión, trascendente armonía y constante superación a través de reiterados afanes perfeccionistas.”[1]

Mi intención es, lejos de alabar la poesía de Mirón, ver las características que lo convierten en un poeta caleidoscópico, digno de la mirada de la literatura fractal como un eje de inicio ante el desenvolvimiento de una nueva percepción literaria. Para empezar, algo que se debe tener en cuenta es que la vida de Mirón sin duda alguna influyó en su obra poética, sin embargo no por esto debe pensarse que su ideal poético era dejar en versos una autobiografía. Nada de eso, su mantra sin duda alguna fue el mismo que el de sus contemporáneos, quienes inmersos en el periodo “pacífico” del porfiriato decidieron romper con los modelos predominantes del romanticismo, realismo y naturalismo que se había asentado en México. Por ello los autores de la segunda mitad del siglo XIX, inundados por lecturas de autores franceses tales como  François Coppée  o Charles Baudelaire, adoptaron la postura de “el arte por el arte”, pero cabe señalar que este mantra no fue manejado de la misma manera por todos los autores mexicanos que comúnmente se llaman modernistas.

En este movimiento de agitación intelectual se dio a la literatura otra perspectiva, que hasta entonces en México y en casi toda América, a causa de la situación social, no se había presentado. El arte con un sentido estético, no moral, ni político, donde lo importante sea las sensaciones que pueden causar las diversas manifestaciones artísticas, mediante un método cientificista. Cabe destacar que a pesar de tener su génesis en corrientes europeas

en lo esencial constituye un proceso de transformación y avance autóctono y original, que nació de la propia insatisfacción y necesidad interna de renovación, y que se desarrolló coetáneamente con el simbolismo francés y los demás movimientos independientes y semejantes que brotaron en diversos puntos del mundo y se fecundaron mutuamente. [2]

 

*          *          *

Cuando los escritores se vuelven críticos y viceversa siempre se crea un conflicto sobre los pilares que sostienen la literatura, los cuales se encargan de separarla de otras formas de expresión no consideradas obras de arte escrito, sin embargo es en este conflicto donde se gestionan nuevas propuestas para acrecentar las peculiaridades literarias. Es aquí donde se encuentra el nacimiento del modelo derivado del modernismo, la literatura fractal, que sin encerrarse en otros tipos de literatura va agarrando fuerza hoy en día. Buscando “un poema generativo, interactivo […] y esencialmente plural.”[3]

En Mirón vemos la proliferación de la multiplicidad del caleidoscopio, es decir el esmerado camino por el cual nos hace llegar su pensamiento o bien llamada estructura. Sus poemas son en general una bien planeada estrategia para combatir con el lector, escoge el modelo del soneto para seguir en la tradición del molde perfeccionista de los  españoles. En su poema “A mis versos”, con el que abre el libro, nos deja claro que la estructura de todo el poemario aspira a la perfección, pero sobre todo a las formas. La rima de este poema es asonántica, lo que recuerda un círculo, que si bien la musicalidad es armónica, la repetición en las silabas bien puede recordar un camino que se repite una y otra vez.

No sois gemas inmunes á limas

y con lampos de fijas estrellas,

sino chispas de golpes y mellas

y ardéis lascas de piedras de simas.[4]

Este tipo de alusiones se observan en toda la obra, sin embargo no sólo podemos ver el juego circular de la rima, también se ve el triangular, que en un poema como “Nox” no pasa desapercibido. Ya que el hecho de agregar el estribillo nos indica que la solidez del poema se encuentra en esos dos versos:

No hay almíbar ni aroma

como tu charla

¿Qué pastilla olorosa

y azucarada

disolverá en tu boca

su miel y su ámbar,

cuando conmigo á solas

¡oh virgen! hablas?

 

La fiesta de tu boda

será mañana.[5]

 

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Como todo género, la poesía caleidoscópica no sólo se guía por unas estructuras, sino que también alude a ciertos temas recurrentes. En el caso de Lascas la tendencia sinestésica se desarrolla con intensidad en lo que se refiere al campo visual. La mayoría de los poemas se mueven entre imágenes tan diversas como las del fantasma, una giganta, la perla, o entes tan abstractos como la música, la vigilia y el sueño.

Para empezar tenemos la mejor imagen del todo el poemario en  “La giganta”, que con un corte gongorista describe a una mujer de proporciones inimaginables tan especial en su género que podría pasar por pareja de Polifemo.

iEs un monstruo que me turba – Ojo glauco y enemigo,

como el vidrio de una rada con hondura que, por poca,

amenaza los bajeles con las uñas de la roca.

La nariz resulta grácil y aseméjase á un gran higo.

La guedeja blonda y cruda y sujeta, como el trigo

en el haz. Fresca y brillante y rojísima la boca,

en su trazo enorme y burdo y en su risa eterna y loca.

Una barba con hoyuelo, como un vientre con ombligo.[6]

Lo que separa de forma tajante a este poema  con el barroco y las corrientes del Siglo de oro, es el lenguaje junto a las imágenes. En primer lugar tenemos el uso de vocablos considerados de uso coloquial como rada, higo, barba, o glauco, que no se familiarizan con las corrientes antes mencionadas, y sí con las características fractalistas donde las palabras más comunes pueden llevar a un campo semántico más amplio,  tan lleno de significaciones que incluso el poema puede transformarse en algo muy distinto. Por ejemplo; la palabra rada[7] no sólo nos guía al campo semántico relacionado con el mar, sino que también nos guía al de la navegación.

Lo que convierte a este poema en una muestra de la poesía caleidoscópica es precisamente esa imagen de una giganta, que a la vez que se acerca a la tradición, se aleja a causa de no ser un icono estático, sin embargo no negaré que Octavio Paz la ha rescatado pero sólo en la descripción no en el género del personaje. Otra peculiaridad es la de las imágenes múltiples, aquellas que sin ser puestas en el texto se le presentan al lector; por ejemplo, la montaña, el mar, etc.

En contraste, “Vigilia y sueño” muestra una imagen de la mujer que se encuentra lejos de la presentada en el subconsciente romántico, ya que  para Mirón está más encerrada en la tradición cervantina “y se desnuda, / y al catre asciende blanca y velluda,/ y aun desvestida se quema y suda”[8], cosa que es una ironía puesto que es una perspectiva no preciosista de la mujer como la que se veía planteada por una gran parte de los modernistas. En cuanto al fractalismo la temática de la mujer no es tan significativa, más bien lo importante es saber cómo Mirón a través de determinadas estructuras nos plantea a la figura femenina, y en el poema al que se aludió apreciar la división que hace para dar a conocer su perspectiva.

La moza lucha con el mancebo, —

[…]

Y huye sin mancha ni deterioro

en la pureza y en el decoro,

y es 1111 gran lirio de nieve y oro.[9]

Este último verso habla de dos cosas que acontecen en el poema: 1) la imagen femenina al inicio es un sueño, y al final se convierte en un reflejo casi fiel de la mujer. 2) Empata dos tradiciones literarias, la simbolista y el barroco. Haciendo con esto una imagen renovada de los términos vigilia y sueño.

 

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Para concluir, cabe señalar que el tema de la literatura fractal es amplio y aún no se ha establecido como un movimiento formal, pero su importancia en la última parte del siglo XX ha tomado fuerza. En esta pequeña reflexión sobre la obra de Mirón me he encontrado en un dilema en cuanto la confrontación de la terminología necesaria para dar a entender la poesía caleidoscópica, pues si se ve la definición de género que da  Beristain: “clase o tipo de discurso literario determinado por la organización propia de sus elementos en estructuras a que puede pertenecer una obra”[10], es claro que a los fractalistas les falta una mayor organización estructural, sin embargo quien puede asegurar que dentro de un siglo o menos este movimiento de ruptura sea igual de importante que el modernismo, y claramente hispanoamericano.

 

[1] Leonardo Pasquel, Salvador Diaz Miron, Universidad Veracruzana, México, 1984, p. 5.

[2] Consultado en http://www.prosamodernista.com/modernismo/génesis [01/06/2014]

[3] Consultado en http://jamillan.com/celpic.htm [01/06/2014]

[4] Salvador Díaz Mirón, Lascas, Universidad Veracruzana, México, 1901, p. 11.

[5] Ibid., p. 87.

[6] Ibid., p. 57.

[7] Bahía, ensenada, donde las naves pueden estar ancladas al abrigo de algunos vientos. Cfr. RAE online

[8] Ibid., p. 67.

[9] Idem.

[10] Helena Beristaín, Diccionario de retórica y poética, Porrúa, México, 2010, p. 236.

La felicidad en algunas obras de Jean Paul Sartre

Hacer una buena acción, salir con los amigos, querer contemplar algo que nunca se ha contemplado, estar enamorado, ganar algo por una acción desinteresada, salir con la familia los fines de semana, etc., sin duda alguna son claros ejemplos de cosas que pondrían felices a más de una persona, sin embargo, dependiendo de cada persona estas experiencia pueden llegar a tener sentidos diferentes al igual que sensaciones diferentes. Por lo tanto se puede inferir que no se viven de la misma manera los acontecimientos que pueden causar felicidad.

Desde los inicios de la humanidad, los hombres fueron descubriendo la felicidad en base a los placeres más esenciales; la comida, el sexo, inclusive la defecación. Con el paso del tiempo a estás necesidades que ofrecen placer se les fueron añadiendo otras. Conforme las sociedades se fueron formando, y entre los hombres las luces del raciocinio se hacían visibles, se  desarrollaron placeres accesorios para matar el tiempo de los recién ciudadanos; la barbarie de los coliseos, los juegos, bailes y otros divertimentos crearon en la conciencia colectiva un estado de bienestar que hasta la actualidad se le ha denominado con la palabra “felicidad”.

Así pues, todos los divertimentos que en la actualidad conocemos son un derivado de estos placeres accesorios, sin embargo, más allá de la felicidad colectiva, me interesa cómo es recibida por cada individuo, pero para entender este punto sería bueno primero, intentar definir el término.

La RAE lo define como:

(Del lat. felicĭtas, -ātis).

1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.

2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo.

3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad. [1]

En cambio María Moliner lo define como:

Felicidad (del lat. “felicitas, -atis”)

1 f. Situación del ser para quien las circunstancias de su vida son tales como las *desea: “Correr tras la felicidad”. Estado de ánimo circunstancial del que consigue algo que contribuye a esa situación: “El niño puso cara de felicidad cuando vio el pastel”. Cosa que contribuye a esa situación: “No hay mayor felicidad que la salud”.

2 Falta de sucesos desagradables en alguna acción o suceso: “Realizamos el crucero con toda felicidad”. *Normal. [2]

Podemos ver que la felicidad se ha convertido en un término polémico y siempre ha suscitado el interés de muchas personas, filósofos, matemáticos, escritores, todo tipo de hombres ilustres, en cualquier ámbito del pensamiento, han tratado de delimitar y precisar el vocablo, sin embargo no es posible conciliar todas las partes en una sola definición, pues la experiencia que encierra el concepto cada día es más amplia.

En el caso que compete a este trabajo me evocaré a comprender en algunas obras de Sartre el proyecto de felicidad como algo que se vive subjetivamente, además demostraré cómo este proyecto puede ser trágico en el sentido de verse frustrada dicha felicidad por el choque entre el proyecto subjetivo del o los individuos con la realidad.

 

La felicidad como un proyecto subjetivo.

Muchos se preguntan cuándo fue el día que cambio tan rápido el sentido del término felicidad, en realidad nadie tiene claro si este cambio es verdadero, o simplemente cada generación toma de la anterior el concepto y lo acomoda a su necesidad momentánea. Algo que sí podemos afirmar, es que la perspectiva con que se ve la felicidad sigue siendo la misma. Con esto me refiero a la mirada subjetiva, es decir, la felicidad siempre será vista por cada individuo para satisfacer su subjetividad, pues si “el hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente”[3] todas sus acciones o emociones se regirán sobre esta norma.

Esto explica por qué los mensajes publicitarios actuales llegan con mayor facilidad a las personas, pues han descubierto que lo más importante es el individuo, ya que éste es el que adquiere un placer a cambio de algo de valor monetario. Los comerciales; por ejemplo, afianzan un proyecto de felicidad desechable, pero a fin de cuentas enaltece al individuo creándole una perspectiva de cómo debe vivir su vida.

Con la profusión lujuriosa de sus productos, imágenes y servicios, con el hedonismo que induce, con su ambiente eufórico de tentación y proximidad, la sociedad de consumo explicita sin ambages la amplitud de la estrategia de la seducción. Sin embargo ésta no se reduce al espectáculo de la acumulación; más exactamente se identifica con la sombremultiplicación de elecciones que la abundancia hace posible [4]

En las obras del autor francés Jean Paul Sartre el proyecto que enaltece al individuo se va formando en escalafón, por lo general siempre sus personajes empiezan con una mirada minuciosa a la realidad que les rodea para saber que tomar de ella, y después de enfrentarse a múltiples desilusiones respecto a su idea ideal de la vida, desemboca en un individualismo desencantado. Por ejemplo en su novela La náusea, el protagonista presenta un desencanto de la realidad descrito como una especie de nausea.

Su camisa de algodón se destaca gozosamente  sobre una pared chocolate. También eso da la Náusea. O más bien es la Náusea. La Náusea no está en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, en todas partes a mí alrededor. Es una sola cosa con el café, soy yo quien está en ella. [5]

El desencanto no es el que nos importa, lo que importa es el proceso en el cual se engendra, ya que, es el mismo que genera la felicidad. Los ojos, el tacto, el gusto son en si nuestros más grandes instrumentos para conocer el desencanto, la alegría, el placer, por lo tanto podemos concluir que la felicidad nace a partir de procesos sinestésicos.

 

La felicidad como una existencia trágica.

Puede parecer que la felicidad no encuentra cabida en la filosofía de Sartre, mas eso no es del todo cierto, ya que dentro de sus obras se vislumbra un gran interés por tal concepto. Este gran concepto parte del existir del hombre, si el hombre no tuviera conciencia de que existe no podría generar tales conceptos. La felicidad ante toda definición es un término maleable por su característica abstracta, sin embargo esto no significa que no pueda ser rota la significación.

En la literatura, así como en la vida cotidiana, existen muchos ejemplos respecto al resquebrajamiento de la felicidad, o al sobreuso de tal emoción, que termina por desembocar en una red de significaciones. Los griegos sentían a la felicidad como un placer excesivo, los románticos le descubrían como algo trágico no duradero a lo que hay que temer, pero Sartre le ve y la describe como la ilusión que genera la realidad en tanto dependencia de ella. Expectativas.

El muro libro donde el autor destaca más por el uso de los temas que del lenguaje, está comprendido por una interesante selección de cuentos de los cuales el primero que da nombre a la obra, revela el choque con lo que se quiere (para ser feliz) y lo que se está viviendo, por lo tanto los recuerdos felices tornan una esencia trágica.

Acudieron a mí, mezclados, una multitud de recuerdos. Había entre ellos buenos y malos —o al menos así yo los llamaba antes—. Había rostros e historias. Volví a ver cara de un pequeño novillero  que se había dejado cornear en Valencia, la de uno de mis tíos, la de Ramón Gris. Recordaba algunas historias: cómo casi había reventado de hambre. […] Me acordé de una noche que pasé en un banco de Granada [6]

La expectativa se pierde o nubla cuando el recuerdo se mezcla con el presente del personaje. Por lo general en las obras de Sartre la felicidad se mueve conforme el personaje se va desencantando de la vida. Podemos decir que los personajes van desarrollando cierta inclinación a la tragedia en tanto su vida se convierte en un ir y venir trágico.

Para concluir, la existencia del hombre siempre estará ligada a la felicidad por el hecho de que es ésta la que todos los individuos buscan. Hacer de la vida un estado placentero, agradable y/o alegre, es en gran medida el sentido de nuestra existencia, aunque ésta para encontrar lo que busca necesite tener un sentido trágico.

 

[1] http://lema.rae.es/drae/?val=felicidad consultado el 29 de noviembre del 2013.

[2]http://www.diclib.com/felicidad/show/en/moliner/F/2593/600/0/0/37676#.UppcYNIz33Q#ixzz2mAV9Dw80 consultado el 29 de noviembre de 2013.

[3] Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Quinto sol, México, 2012, p. 34.

[4] Gilles Lipovetsky, La era del vacío, Anagrama, Barcelona, 2012, p. 18.

[5] Jean Paul Sartre, La náusea, Época, México, 2008, p. 27.

[6] Jean Paul Sartre, El muro, Época, México, 2008, p. 36.