Resolución de los contrarios

Todo comenzó de pequeña, cuando mi abuelo Huang-ti me contaba historias para que pudiese conciliar el sueño. Recuerdo particularmente una: “Nadie puede matar a un drágon, porque para matarlo hay que verlo. Los dragones sólo son visibles para aquel que los ama, y nadie mata a quien ama”

Dragón

Pasados varios años logré descifrar aquellas historias. Una noche, presa del insomnio, paseaba junto al lago. Sus aguas me devolvieron la imagen de un monstruo que se mordía la cola. Ouroboros, creo que los llamaba él. Entendí entonces el porqué de mi extraño nombre: K’uei, dragón terreno, y me di cuenta de que la alquimia no había podido neutralizar mis tendencias adversas. La luna acababa de delatar el fracaso.

A pesar de amarme, tomé la espada de San Jorge, y la clavé hasta lo más profundo de mis entrañas.

 

Autor: Sin la referencia. Perdón.

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