La felicidad en algunas obras de Jean Paul Sartre

Hacer una buena acción, salir con los amigos, querer contemplar algo que nunca se ha contemplado, estar enamorado, ganar algo por una acción desinteresada, salir con la familia los fines de semana, etc., sin duda alguna son claros ejemplos de cosas que pondrían felices a más de una persona, sin embargo, dependiendo de cada persona estas experiencia pueden llegar a tener sentidos diferentes al igual que sensaciones diferentes. Por lo tanto se puede inferir que no se viven de la misma manera los acontecimientos que pueden causar felicidad.

Desde los inicios de la humanidad, los hombres fueron descubriendo la felicidad en base a los placeres más esenciales; la comida, el sexo, inclusive la defecación. Con el paso del tiempo a estás necesidades que ofrecen placer se les fueron añadiendo otras. Conforme las sociedades se fueron formando, y entre los hombres las luces del raciocinio se hacían visibles, se  desarrollaron placeres accesorios para matar el tiempo de los recién ciudadanos; la barbarie de los coliseos, los juegos, bailes y otros divertimentos crearon en la conciencia colectiva un estado de bienestar que hasta la actualidad se le ha denominado con la palabra “felicidad”.

Así pues, todos los divertimentos que en la actualidad conocemos son un derivado de estos placeres accesorios, sin embargo, más allá de la felicidad colectiva, me interesa cómo es recibida por cada individuo, pero para entender este punto sería bueno primero, intentar definir el término.

La RAE lo define como:

(Del lat. felicĭtas, -ātis).

1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.

2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo.

3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad. [1]

En cambio María Moliner lo define como:

Felicidad (del lat. “felicitas, -atis”)

1 f. Situación del ser para quien las circunstancias de su vida son tales como las *desea: “Correr tras la felicidad”. Estado de ánimo circunstancial del que consigue algo que contribuye a esa situación: “El niño puso cara de felicidad cuando vio el pastel”. Cosa que contribuye a esa situación: “No hay mayor felicidad que la salud”.

2 Falta de sucesos desagradables en alguna acción o suceso: “Realizamos el crucero con toda felicidad”. *Normal. [2]

Podemos ver que la felicidad se ha convertido en un término polémico y siempre ha suscitado el interés de muchas personas, filósofos, matemáticos, escritores, todo tipo de hombres ilustres, en cualquier ámbito del pensamiento, han tratado de delimitar y precisar el vocablo, sin embargo no es posible conciliar todas las partes en una sola definición, pues la experiencia que encierra el concepto cada día es más amplia.

En el caso que compete a este trabajo me evocaré a comprender en algunas obras de Sartre el proyecto de felicidad como algo que se vive subjetivamente, además demostraré cómo este proyecto puede ser trágico en el sentido de verse frustrada dicha felicidad por el choque entre el proyecto subjetivo del o los individuos con la realidad.

 

La felicidad como un proyecto subjetivo.

Muchos se preguntan cuándo fue el día que cambio tan rápido el sentido del término felicidad, en realidad nadie tiene claro si este cambio es verdadero, o simplemente cada generación toma de la anterior el concepto y lo acomoda a su necesidad momentánea. Algo que sí podemos afirmar, es que la perspectiva con que se ve la felicidad sigue siendo la misma. Con esto me refiero a la mirada subjetiva, es decir, la felicidad siempre será vista por cada individuo para satisfacer su subjetividad, pues si “el hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente”[3] todas sus acciones o emociones se regirán sobre esta norma.

Esto explica por qué los mensajes publicitarios actuales llegan con mayor facilidad a las personas, pues han descubierto que lo más importante es el individuo, ya que éste es el que adquiere un placer a cambio de algo de valor monetario. Los comerciales; por ejemplo, afianzan un proyecto de felicidad desechable, pero a fin de cuentas enaltece al individuo creándole una perspectiva de cómo debe vivir su vida.

Con la profusión lujuriosa de sus productos, imágenes y servicios, con el hedonismo que induce, con su ambiente eufórico de tentación y proximidad, la sociedad de consumo explicita sin ambages la amplitud de la estrategia de la seducción. Sin embargo ésta no se reduce al espectáculo de la acumulación; más exactamente se identifica con la sombremultiplicación de elecciones que la abundancia hace posible [4]

En las obras del autor francés Jean Paul Sartre el proyecto que enaltece al individuo se va formando en escalafón, por lo general siempre sus personajes empiezan con una mirada minuciosa a la realidad que les rodea para saber que tomar de ella, y después de enfrentarse a múltiples desilusiones respecto a su idea ideal de la vida, desemboca en un individualismo desencantado. Por ejemplo en su novela La náusea, el protagonista presenta un desencanto de la realidad descrito como una especie de nausea.

Su camisa de algodón se destaca gozosamente  sobre una pared chocolate. También eso da la Náusea. O más bien es la Náusea. La Náusea no está en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, en todas partes a mí alrededor. Es una sola cosa con el café, soy yo quien está en ella. [5]

El desencanto no es el que nos importa, lo que importa es el proceso en el cual se engendra, ya que, es el mismo que genera la felicidad. Los ojos, el tacto, el gusto son en si nuestros más grandes instrumentos para conocer el desencanto, la alegría, el placer, por lo tanto podemos concluir que la felicidad nace a partir de procesos sinestésicos.

 

La felicidad como una existencia trágica.

Puede parecer que la felicidad no encuentra cabida en la filosofía de Sartre, mas eso no es del todo cierto, ya que dentro de sus obras se vislumbra un gran interés por tal concepto. Este gran concepto parte del existir del hombre, si el hombre no tuviera conciencia de que existe no podría generar tales conceptos. La felicidad ante toda definición es un término maleable por su característica abstracta, sin embargo esto no significa que no pueda ser rota la significación.

En la literatura, así como en la vida cotidiana, existen muchos ejemplos respecto al resquebrajamiento de la felicidad, o al sobreuso de tal emoción, que termina por desembocar en una red de significaciones. Los griegos sentían a la felicidad como un placer excesivo, los románticos le descubrían como algo trágico no duradero a lo que hay que temer, pero Sartre le ve y la describe como la ilusión que genera la realidad en tanto dependencia de ella. Expectativas.

El muro libro donde el autor destaca más por el uso de los temas que del lenguaje, está comprendido por una interesante selección de cuentos de los cuales el primero que da nombre a la obra, revela el choque con lo que se quiere (para ser feliz) y lo que se está viviendo, por lo tanto los recuerdos felices tornan una esencia trágica.

Acudieron a mí, mezclados, una multitud de recuerdos. Había entre ellos buenos y malos —o al menos así yo los llamaba antes—. Había rostros e historias. Volví a ver cara de un pequeño novillero  que se había dejado cornear en Valencia, la de uno de mis tíos, la de Ramón Gris. Recordaba algunas historias: cómo casi había reventado de hambre. […] Me acordé de una noche que pasé en un banco de Granada [6]

La expectativa se pierde o nubla cuando el recuerdo se mezcla con el presente del personaje. Por lo general en las obras de Sartre la felicidad se mueve conforme el personaje se va desencantando de la vida. Podemos decir que los personajes van desarrollando cierta inclinación a la tragedia en tanto su vida se convierte en un ir y venir trágico.

Para concluir, la existencia del hombre siempre estará ligada a la felicidad por el hecho de que es ésta la que todos los individuos buscan. Hacer de la vida un estado placentero, agradable y/o alegre, es en gran medida el sentido de nuestra existencia, aunque ésta para encontrar lo que busca necesite tener un sentido trágico.

 

[1] http://lema.rae.es/drae/?val=felicidad consultado el 29 de noviembre del 2013.

[2]http://www.diclib.com/felicidad/show/en/moliner/F/2593/600/0/0/37676#.UppcYNIz33Q#ixzz2mAV9Dw80 consultado el 29 de noviembre de 2013.

[3] Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, Quinto sol, México, 2012, p. 34.

[4] Gilles Lipovetsky, La era del vacío, Anagrama, Barcelona, 2012, p. 18.

[5] Jean Paul Sartre, La náusea, Época, México, 2008, p. 27.

[6] Jean Paul Sartre, El muro, Época, México, 2008, p. 36.

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