De modernismo, literatura fractal; poesía caleidoscópica en Lascas de Salvador Díaz Mirón

Todo escritor puede atestiguar en el estado más afortunado y feliz,

que las palabras no provienen de uno, sino que pasan a través de uno.

Ruby Sparks

 

La luz se posó en su ojo en cuanto salió de entre las nubes el primer rayo dorado. Como el niño no tenía un techo firme y su único refugio era una manta sucia por el polvo que levantaban los caballos, enseguida sintió en sus parpados el calor que ese rayo le brindaba. Al abrir sus ojos se alegró de encontrarse con vida después de la terrible noche que había tenido. Tomó del suelo las migajas de pan que guardaba con celo en un papel café.

Miró hacia el sol pero no por mucho tiempo, ya que el brillo era tan despampanante que le cegó un momento, dejándole los ojos nublados entre la suciedad de la calle y sus lágrimas, dos gotitas que salieron desapercibidas resbalándose por las mejillas. Después echó un vistazo con admiración al gran reloj de la ciudad, eran ya casi las nueve y cuarto. Se espantó por lo tarde que se le había hecho, pensó por un momento que ya no alcanzaría a llegar al comedero municipal, así que se puso en marcha.

Mientras caminaba por las calles, para hacer menos tedioso su andar, se entretenía jugando con su sombra, miraba las de los demás entrecruzarse en una sola y cómo a la vez la suya se perdía entre las casas, las personas, los coches. Así miró todo, hasta que doblando una esquina se encontró con un cilindro metálico de pequeñas proporciones. David, por que han de saber su nombre, lo tomó del suelo, y lo puso en su ojo como el capitán de un barco mercante que ve por su catalejo.

Decidió quedárselo hasta saber qué hacer con él. Ya casi llegando al comedero se cruzó en su camino un perro que llevaba una pata lastimada por un vidrio. Lo ayudó, retiró con cuidado el cristal de la herida y le dio el poco pan que tenía guardado, arrojó el vidrio a la basura, pero enseguida al mirar al interior del basurero sus ojos nuevamente quedaron cegados por el sol. Cómo era eso posible, pensó al recuperar los sentidos. Entonces observó con cuidado, había pedazos de cristal regados por todo el basurero que en armonía reflejaban la luz solar. Sorprendido por aquel espectáculo como un pirata que acaba de encontrar un tesoro, eligió los pedazos más grandes de entre todos los que ahí se encontraban.

David siguió su trayecto, pero llegó tarde y ya habían cerrado el establecimiento, ahora tendría que esperar, sin embrago eso no le provoco tristeza puesto que había encontrado dos objetos peculiares en su camino que le parecían fascinantes, entonces hizo lo que una vieja cocinera una vez le aconsejó, juntar dos cosas increíbles en una sola. Así que empezó a posar los cristales al frente del tubo, y miró por la hendidura posterior sorprendiéndose de las formas, la luz, la multiplicidad de direcciones en que ésta se movía. Años después recordaría este día como el que le abrió las puertas a un mundo desconocido; la aristocracia, ese polo lleno de lujos, ilusiones, divertimentos, pero sobre todo juegos que para él fueron la investigación científica y la escritura.

Han pasado muchos años desde que David encontró en uno de los motores de la imaginación y las palabras la inspiración para crear algo perfecto, cabe destacar que sin duda alguna su invento ha logrado cambiar la línea entre lo visible e invisible.  Tanto en la vida de los seres humanos como en todas sus actividades, desde la ciencia hasta la literatura. Ese invento, que ahora puede parecer insignificante, me atrevo a decir, es capaz de cambiar la vida de todos los hombres. En mi caso gracias a él he logrado crear en mí un mundo de imágenes, signos, sinestesias llamado poesía.

Cabe destacar que no soy la única que ha visto en el invento de David una ruptura con todo lo que represente continuidad. Antes de mí hubo infinidad de escritores que buscaron inspiración y consejo en ese pequeño cilindro que en toda la extensión de la palabra representa un mundo, construido con la ingenuidad, asombro y meticulosidad de cualquier poema de Lewis Carroll o Theophile Gautier, ya que no olvidemos que los poetas siempre consciente o inconscientemente mueven su poesía entre las formas perfectas y las imágenes multidireccionales, sea uno u otro el caso, David y su bien llamado caleidoscopio han motivado una revolución intelectual.

Podría dar infinidad de ejemplos de poetas que siguen la línea de la llamada poesía caleidoscópica, sin embargo por ahora sólo reflexionaré sobre la obra del mexicano Salvador Díaz Mirón, autor del libro Lascas, del cual tratarán estas páginas. ¿Por qué? Por el simple hecho de ser un autor tan multifacético que su poesía muchas veces logra ser inclasificable. Es decir en su poesía se puede, específicamente la de su segunda etapa, ver “maestría, vibrante musicalidad, geométrica arquitectura, lacónica precisión, trascendente armonía y constante superación a través de reiterados afanes perfeccionistas.”[1]

Mi intención es, lejos de alabar la poesía de Mirón, ver las características que lo convierten en un poeta caleidoscópico, digno de la mirada de la literatura fractal como un eje de inicio ante el desenvolvimiento de una nueva percepción literaria. Para empezar, algo que se debe tener en cuenta es que la vida de Mirón sin duda alguna influyó en su obra poética, sin embargo no por esto debe pensarse que su ideal poético era dejar en versos una autobiografía. Nada de eso, su mantra sin duda alguna fue el mismo que el de sus contemporáneos, quienes inmersos en el periodo “pacífico” del porfiriato decidieron romper con los modelos predominantes del romanticismo, realismo y naturalismo que se había asentado en México. Por ello los autores de la segunda mitad del siglo XIX, inundados por lecturas de autores franceses tales como  François Coppée  o Charles Baudelaire, adoptaron la postura de “el arte por el arte”, pero cabe señalar que este mantra no fue manejado de la misma manera por todos los autores mexicanos que comúnmente se llaman modernistas.

En este movimiento de agitación intelectual se dio a la literatura otra perspectiva, que hasta entonces en México y en casi toda América, a causa de la situación social, no se había presentado. El arte con un sentido estético, no moral, ni político, donde lo importante sea las sensaciones que pueden causar las diversas manifestaciones artísticas, mediante un método cientificista. Cabe destacar que a pesar de tener su génesis en corrientes europeas

en lo esencial constituye un proceso de transformación y avance autóctono y original, que nació de la propia insatisfacción y necesidad interna de renovación, y que se desarrolló coetáneamente con el simbolismo francés y los demás movimientos independientes y semejantes que brotaron en diversos puntos del mundo y se fecundaron mutuamente. [2]

 

*          *          *

Cuando los escritores se vuelven críticos y viceversa siempre se crea un conflicto sobre los pilares que sostienen la literatura, los cuales se encargan de separarla de otras formas de expresión no consideradas obras de arte escrito, sin embargo es en este conflicto donde se gestionan nuevas propuestas para acrecentar las peculiaridades literarias. Es aquí donde se encuentra el nacimiento del modelo derivado del modernismo, la literatura fractal, que sin encerrarse en otros tipos de literatura va agarrando fuerza hoy en día. Buscando “un poema generativo, interactivo […] y esencialmente plural.”[3]

En Mirón vemos la proliferación de la multiplicidad del caleidoscopio, es decir el esmerado camino por el cual nos hace llegar su pensamiento o bien llamada estructura. Sus poemas son en general una bien planeada estrategia para combatir con el lector, escoge el modelo del soneto para seguir en la tradición del molde perfeccionista de los  españoles. En su poema “A mis versos”, con el que abre el libro, nos deja claro que la estructura de todo el poemario aspira a la perfección, pero sobre todo a las formas. La rima de este poema es asonántica, lo que recuerda un círculo, que si bien la musicalidad es armónica, la repetición en las silabas bien puede recordar un camino que se repite una y otra vez.

No sois gemas inmunes á limas

y con lampos de fijas estrellas,

sino chispas de golpes y mellas

y ardéis lascas de piedras de simas.[4]

Este tipo de alusiones se observan en toda la obra, sin embargo no sólo podemos ver el juego circular de la rima, también se ve el triangular, que en un poema como “Nox” no pasa desapercibido. Ya que el hecho de agregar el estribillo nos indica que la solidez del poema se encuentra en esos dos versos:

No hay almíbar ni aroma

como tu charla

¿Qué pastilla olorosa

y azucarada

disolverá en tu boca

su miel y su ámbar,

cuando conmigo á solas

¡oh virgen! hablas?

 

La fiesta de tu boda

será mañana.[5]

 

*          *          *

Como todo género, la poesía caleidoscópica no sólo se guía por unas estructuras, sino que también alude a ciertos temas recurrentes. En el caso de Lascas la tendencia sinestésica se desarrolla con intensidad en lo que se refiere al campo visual. La mayoría de los poemas se mueven entre imágenes tan diversas como las del fantasma, una giganta, la perla, o entes tan abstractos como la música, la vigilia y el sueño.

Para empezar tenemos la mejor imagen del todo el poemario en  “La giganta”, que con un corte gongorista describe a una mujer de proporciones inimaginables tan especial en su género que podría pasar por pareja de Polifemo.

iEs un monstruo que me turba – Ojo glauco y enemigo,

como el vidrio de una rada con hondura que, por poca,

amenaza los bajeles con las uñas de la roca.

La nariz resulta grácil y aseméjase á un gran higo.

La guedeja blonda y cruda y sujeta, como el trigo

en el haz. Fresca y brillante y rojísima la boca,

en su trazo enorme y burdo y en su risa eterna y loca.

Una barba con hoyuelo, como un vientre con ombligo.[6]

Lo que separa de forma tajante a este poema  con el barroco y las corrientes del Siglo de oro, es el lenguaje junto a las imágenes. En primer lugar tenemos el uso de vocablos considerados de uso coloquial como rada, higo, barba, o glauco, que no se familiarizan con las corrientes antes mencionadas, y sí con las características fractalistas donde las palabras más comunes pueden llevar a un campo semántico más amplio,  tan lleno de significaciones que incluso el poema puede transformarse en algo muy distinto. Por ejemplo; la palabra rada[7] no sólo nos guía al campo semántico relacionado con el mar, sino que también nos guía al de la navegación.

Lo que convierte a este poema en una muestra de la poesía caleidoscópica es precisamente esa imagen de una giganta, que a la vez que se acerca a la tradición, se aleja a causa de no ser un icono estático, sin embargo no negaré que Octavio Paz la ha rescatado pero sólo en la descripción no en el género del personaje. Otra peculiaridad es la de las imágenes múltiples, aquellas que sin ser puestas en el texto se le presentan al lector; por ejemplo, la montaña, el mar, etc.

En contraste, “Vigilia y sueño” muestra una imagen de la mujer que se encuentra lejos de la presentada en el subconsciente romántico, ya que  para Mirón está más encerrada en la tradición cervantina “y se desnuda, / y al catre asciende blanca y velluda,/ y aun desvestida se quema y suda”[8], cosa que es una ironía puesto que es una perspectiva no preciosista de la mujer como la que se veía planteada por una gran parte de los modernistas. En cuanto al fractalismo la temática de la mujer no es tan significativa, más bien lo importante es saber cómo Mirón a través de determinadas estructuras nos plantea a la figura femenina, y en el poema al que se aludió apreciar la división que hace para dar a conocer su perspectiva.

La moza lucha con el mancebo, —

[…]

Y huye sin mancha ni deterioro

en la pureza y en el decoro,

y es 1111 gran lirio de nieve y oro.[9]

Este último verso habla de dos cosas que acontecen en el poema: 1) la imagen femenina al inicio es un sueño, y al final se convierte en un reflejo casi fiel de la mujer. 2) Empata dos tradiciones literarias, la simbolista y el barroco. Haciendo con esto una imagen renovada de los términos vigilia y sueño.

 

*          *          *

Para concluir, cabe señalar que el tema de la literatura fractal es amplio y aún no se ha establecido como un movimiento formal, pero su importancia en la última parte del siglo XX ha tomado fuerza. En esta pequeña reflexión sobre la obra de Mirón me he encontrado en un dilema en cuanto la confrontación de la terminología necesaria para dar a entender la poesía caleidoscópica, pues si se ve la definición de género que da  Beristain: “clase o tipo de discurso literario determinado por la organización propia de sus elementos en estructuras a que puede pertenecer una obra”[10], es claro que a los fractalistas les falta una mayor organización estructural, sin embargo quien puede asegurar que dentro de un siglo o menos este movimiento de ruptura sea igual de importante que el modernismo, y claramente hispanoamericano.

 

[1] Leonardo Pasquel, Salvador Diaz Miron, Universidad Veracruzana, México, 1984, p. 5.

[2] Consultado en http://www.prosamodernista.com/modernismo/génesis [01/06/2014]

[3] Consultado en http://jamillan.com/celpic.htm [01/06/2014]

[4] Salvador Díaz Mirón, Lascas, Universidad Veracruzana, México, 1901, p. 11.

[5] Ibid., p. 87.

[6] Ibid., p. 57.

[7] Bahía, ensenada, donde las naves pueden estar ancladas al abrigo de algunos vientos. Cfr. RAE online

[8] Ibid., p. 67.

[9] Idem.

[10] Helena Beristaín, Diccionario de retórica y poética, Porrúa, México, 2010, p. 236.

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Un comentario en “De modernismo, literatura fractal; poesía caleidoscópica en Lascas de Salvador Díaz Mirón

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