Lo Dionisíaco

Las palabras existen y seguirán existiendo. La verdad se estrecha en las antiguas normas, sin embargo depende de las futuras generaciones atribuirles el signo de autenticidad. En éste gran panorama me encuentro yo, en las grandes calles de la Pampa, bebiendo ron con extranjeros iguales a mí. Y pienso ¿Cuántos años han pasado desde que el primer hombre probó la bebida?, en seguida los compañeros me llaman a su encuentro y entre las diversas cavilaciones del día sale a relucir el nombre de Dionisio ese mal parido por los dioses.

¡Venga otra ronda para el grupo!, gritó el gaucho. Empezamos a beber otra vez. En cuestión de segundos hablábamos de filosofía, y chingaderas similares. Un camarada italiano en mascullado español me dijo. Usted amigo mío es el ejemplo más claro de un carácter apolíneo, se establece metas ascéticas conformándose con la contemplación. Sería mejor que busque una chica de la Pampa y se olvide de la filosofía.

Al escuchar tal cosa me retiré al otro extremo de la sala. No podía creer lo que ese pelado me había dicho. Yo nunca seré apolíneo, ni pienso serlo, eso es para los jóvenes novelistas que pretenden puestos de oficina. No señor eso no es para mí, un ente  dionisíaco, destinado a renacer en mis pálidos versos, muriendo en el proceso de escritura, heredero de esos escritores bárbaros de mi tierra, rebeldes ante la rigidez de las formas.

En estas reflexiones me distraía, mientras a lo lejos se escuchó un ruido sordo. ¡¡Pau!! Era el gaucho, que había buscado pleito con el italiano que de un solo golpe lo hizo caer. Al ver eso, quizá por efectos del alcohol, vi un rayo en lugar del italiano. Y recordé el viejo mito de Dionisio; sus mutaciones, la especulación sobre su persona, la imagen que los poetas tienen de él, pero sobre todo su muerte. Ese mito de su muerte que no me puedo creer, ya que Dionisio nunca murió  , solamente se transforma en la cabeza del que escribe. Unos le llaman musa, otros le conocen como sátiro, sin embargo el fin es el mismo, justificar la barbaridad que significa escribir, quizá por eso me digo dionisíaco para justificar la ebriedad de mis palabras.

Lo Dionisíaco

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